Si os preguntasen que cual es vuestro hobby, o vuestra principal afición, o lo que sea para vosotros esto de los tebeos, ¿qué responderíais? ¿Coleccionistas o lectores de tebeos? Porque aunque así a bote pronto parezca que es lo mismo en realidad no lo es. Cierto es que respondas lo uno o lo otro, y más si tenemos en cuenta que navegas en pos de información sobre esto de los papelajos con dibujos, da lo mismo la respuesta, quiere decir que sientes algo especial por este mundillo.
Quizás todos empezamos siendo lectores a secas, y eso se puede corroborar porque seguro que una mayoría, cuando eramos muy pequeños, tebeo que tuvimos, tebeo que perdimos, o que nos perdieron, da lo mismo porque nos importaba bien poco, hasta que empezamos a ser algo más responsables y entonces sí, entonces los guardábamos y ahí es dónde todo comenzó. Nació el coleccionista que al principio, como tenía cuatro cosas, las leía una y otra vez y las volvía a leer, hay, que usados quedaron mis Asterix y Mortadelos de la época. Ya no sólo queríamos leerlos, sino que los contemplábamos, adorábamos e incluso llegábamos, en los casos más extremos, que de todo tiene que haber en la vida, a olerlos. Pasar la lengua por la portada, para degustar el sabor de la tinta y sentirnos en comunión con los personajes, quedaba descartado porque eso, que a saber cuan corrosiva podía ser nuestra saliva, podía dañar los cómics. Y esos cachos de papel eran algo así como sagrados, que lo sagrado nos importaba bastante menos.
Los años pasaban, las mujeres nos rechazaban, otras no tanto y alguna alegría que otra nos daban, total, los amores de infancia no marcaban como los que estaban por venir, pero, eso sí, los tebeos seguían a nuestro lado, inseparables, fieles, pero, por avatares del destino, al llegar a una edad, de botellones y esas cosas, de salidas nocturnas y resacas, de, en fin, otros quehaceres sociales que se llevaban nuestro escaso dinero, maldita juventud, rompimos con los cómics. Qué le íbamos a hacer, era la segunda mitad de los 90 y lo que molaba, o eso nos hicieron creer, era Image y todo lo guay del momento, muy hot todo como gustaba decir, y el Manga, tan sano ahora, sufrió su primera gran crisis. ¿Qué nos quedaba? Ni lo sabíamos. ¿Y a quién le importaba? El fin de semana y el tiempo libre estaban para otras cosas.
Pero el sosiego al final nos encontró y, gracias al Dios que cada uno venere, lo dejo a la elección de cada uno, el coleccionista regresó. Y con más ganas que nunca. Aficionado por siempre y para siempre dijimos entonces. Y aquí regresamos al comienzo, a la pregunta que ya alguno habrá querido olvidar. Preguntémonos, si queremos en la más profunda meditación, o en grupo si gusta más, si estamos dispuestos a librarnos de cosas que sabemos que nunca más vamos a leer. Sé que todos soñamos en algún momento, y el que diga que no miente, con una biblioteca propia, con un santuario dónde toda nuestra vida se resumiese en forma de tebeos, pero al final el espacio aprieta y o metemos los tebeos en cajas para al menos saber que los tenemos o nos deshacemos de ellos. ¿Estamos dispuestos? Yo, si soy sincero, no sé si soy primero coleccionista o un simple lector, son muchos años ya, pero cada vez tengo más claro que lo que quiero guardar es, sobre todo, lo que pueda tener a mano y sepa que voy a volver a leer, aunque sea dentro de años. Por suerte existen webs como ebay y todocolección. Al final el espacio, o mejor dicho, la falta de él, es lo que acaba diluyendo al coleccionista y fortaleciendo al lector, y es que este ya se conforma hasta con los cómics que tiene en la biblioteca pública del barrio.